Por Herr Q.
Y en este caso me tocó a mi. El Consejo decidió que alguno de sus colaboradores dijera algo sobre algo. “Sobre ¿qué?”, pregunté. Fue en vano. “Sobre cualquier cosa”, fue la respuesta. “¿Y los antropólogos que mandaron a Bolivia y Perú?”, volví a interrogar para salir del paso. “Ni un mail: o se rajaron con la guita o se accidentaron, cosa bastante probable en esos lugares”, me dijeron.
Así que acá estoy, aceptando el reto. “¿Qué digo?”, me dije, en momentos donde claramente hay poco que decir. “Hablo sobre política”, fue la primera idea. Después concluí: “¿y qué carajo digo sobre política?”. Luego pensé en argumentar en favor de la matanza indiscriminada de ballenas en el Sur argentino -viejo tema de algunos integrantes del Consejo- a partir de una razón humanitaria: combatir el hambre latinoamericano a partir de la generosidad de la carne de esos animales. En este caso, temí las represalias de Greenpeace o de los asambleístas de Gualeguaychú.
Más tarde, especulé con criticar radicalmente a la “propina” (las moneditas o billetitos que uno entrega sin ningún tipo de reflexión en un bar, por ejemplo) como forma de precarización laboral. Lo consulté con amigos: “no da”, me afirmaron sin agregar mucho más. Para mi daba, pero mis inseguridades personales hicieron que abandonara esa iniciativa.
Así que acá estoy, gastando valiosos espacios en la Web escribiendo sin ningún sentido. No sé cómo verá el Consejo esta participación, tal vez ni sea publicada. Me daría lástima, ya que sin quererlo le tomé un poco de cariño al texto. Yo que sé, no es nada de otro mundo, pero es simpático, íntimo.
Bueno, el Consejo decidirá qué hacer. Pido disculpas por anticipado si esperaban algo más valioso. Prometo para el futuro una publicación que valga la pena. Saludos cordiales.