Por Luz Solar
Ayer, muy tarde, un grupo integrado por antropólogos matriculados partió hacia Salta, escala obligada antes de internarse en Bolivia y Perú. “No volvemos hasta que los hermanos bolivianos tengan salida al mar”, aclaró uno de ellos. “Con playita y todo”, agregó otro, serio. Nadie debería preocuparse: el consumo etílico a esas alturas hacía estragos.
El viaje es fomentado por este blog (y financiado: de hecho, hay una cuenta bancaria a disposición de nuestros generosos lectores). Será también este espacio el soporte de las reflexiones, apuntes, “diario de viaje”, de los académicos. Aclaración necesaria: no se encontrarán en los textos argumentaciones fundamentadas, desarrollos científicos. Por el contrario, serán concebidos como un cachetazo al mentón, sin distancias entre sujeto y objeto, más bien como un correlato de angustias, alegrías y sentires.
Un pequeño inconveniente: los miembros del grupo no portan celular, lo cual puede ser un obstáculo para nuestra comunicación. En consecuencia, no prometemos regularidad en los artículos, y mucho menos coherencia (vaya a saber el estado en el que se encuentran estos estudiosos). Por el momento no mandaron nada.
Antes de partir, visiblemente emocionado, uno de los antropólogos matriculados expresó: “es un pelotudo, pero sin Guayo este viaje no sería posible”. No sabemos quién o qué cosa es “Guayo”. ¿Un Dios que asiste a los viajantes? Difícil.
Por ahora, no mucho más. Simplemente: ¡Bon voyage!
Miembros del Consejo filman la partida de sus dos adelantados en un aeropuerto semi-clandestino del Gran Bs. As. “A por el Mar Boliviano” fue lo último que se les escuchó antes de atravesar la puerta del avión.